Siento haber tardado tanto con la historia. Os lo recompenso con, seguramente un capítulo de los mas largos! ¿¿Podreis aguantar todo el tiempo leyéndolo??

Cap 5: Una chica más…

Serían mas o menos las tres de la mañana cuando llamaron a la puerta. Melissa la abrió mientras se frotaba los ojos, llenos de sueño. La cara de Jhon la asustó bastante. Estaba mas pálido de lo normal, y apenas se podía sostener en pié. En su cuello llevaba la llave con diamantes incrustados. Melissa ni le preguntó que le pasaba. Le pasó el brazo por debajo y, silenciosa, pasó por delante de la habitación de sus padres y de su hermano pequeño en dirección de la cocina. Allí cogió las pastillas que tomaba su padre y observó si le iban a servir. Ninguna. Melissa le puso la mano por la frente a Jhon. No estaba caliente. Observó la llave y se la quitó.
La mano de Melissa se empezó a enfriar y Melissa calló poco a poco al vacío. Pero una mano la agarró cuando caía por aquel precipicio. Melissa se despertó. Jhon estaba delante suya, y la llave en el suelo. Apenas habían pasado unos minutos desde lo ocurrido, pero Jhon parecía estar tan confuso como ella.
-La-la llave…-susurró para que sus padres no se despertaran.
-Pero, ¿porqué no pasó nada ayer?
-No lo se…

Melissa se incorporó y le dio patadas a la llave sin tocarla. Se puso los guantes de pastelería de su madre y la cogió.
-No se…donde podrá encajar.-dijo
-Creo que tengo la respuesta.

Ya había amanecido cuando Mili se había levantado. Había cogido el biberón y se lo había dado a su hijo.
Su marido y ella no habían decidido aún su nombre.
El niño se movía entre sus brazos. Un claro de luz erguía la casa.
Su marido se le acercó y se sentó junto a ella en la hamaca. El jardín estaba repleto de preciosas flores de todos los colores. Su marido le enseñó a Mili una lista de todos los nombres que se le habían ocurrido. Mili señaló el nombre que más le gustaba: estaba al final del todo .Su marido la miró incrédulo. El nombre que había elegido Mili era el que menos gracia le hacía.
No te preocupes. Cuando veo este nombre sueño con el futuro feliz de nuestro hijo.-Dijo Mili.
No se, este nombre me salió sin querer. A mi no me gusta demasiado que se vaya a llamar JHON.

La mano de Melissa tocó el hombro de su amigo, dejándolo volver a la realidad. Ella se había dado cuenta de lo que le pasaba al verle llorar.
Hacía ya horas que estaban en el Castillo De Edimburgo (7:50), pues habían entrado gracias al descuido de los últimos vigilantes, que se habían ido, y los padres de Melissa habían recibido una nota de ella diciéndoles que iba a estar de excursión en el castillo de la ciudad.
Para Jhon el encontrar una llave tan bonita y lujosa no podía significar mas que que viniese de un gran castillo tan antiguo y real como el de Edimburgo.
Quería tener, por una vez, seguridad en sí mismo y no equivocarse.
Transcurrieron las horas y aun seguían los dos por aquella maraña de pasillos y corredizos interminables. Hasta que llegaron a su máximo esfuerzo. Melissa sacó una rica cesta llena de dulces preparados por ella. Después de tomar los ricos tentempiés volvieron a la marcha. El camino parecía hacerse mas largo a medida que avanzaban, y cada vez estaban mas y mas cansados.

Llegaron hasta una de las cámaras más grandes del palacio y se pararon a observar una gran alfombra real, que, muy extrañamente
no parecía afectada por el paso del tiempo.
-Es muy raro que no esté derruida como las otras. -dijo Melissa.
-También es extraño que todos los muebles estén cómo nuevos.
Era verdad, los muebles de las demás habitaciones estaban rajados, viejos, llenos de polvo…
Jhon se agachó y olió la manta que cubría el suelo. Luego le dijo a su amiga que tenían que irse.
Melissa se quedó perpleja. ¿Cómo iban a encontrar la salida si se habían metido por un laberinto de pasillos y habitaciones?.
En aquel justo momento, un escalofrío le recorrió el cuerpo. Como si algo le hubiera tocado, algo frío y solitario…
Jhon la cogió del brazo y la llevó hasta la salida.
-Mañana NO volveremos-le dijo serio.
-¿Que te ocurre?
Pero el chico no le respondió. Se limitó a observar el castillo antes de despedirse de su amiga e irse corriendo.
Melissa se rascó la cabeza y se fue.

Al día siguiente estaba a punto de terminar el fin de semana.
Melissa estaba enfadada con Jhon, ¿cómo que no iban a volver?.Se decidió, iría allí con Jhon o sin el.
Se levantó, muy decidida y salió de su casa.
Cogió la llave que le había dado su amigo el dia anterior, no sabía lo que le esperaba. Cruzó el bosque, los ríos; que la llevaban hasta las afueras de la ciudad. Por fin empezó a ver el castillo y, jadeando fue hacia la puerta.
De ninguna manera una chica cómo ella, de ojos negros como el azabache pero con una visión no demasiado buena ( solo utilizaba gafas para leer) podría haber visto desde unos 400 m de distancia aproximadamente la silueta de un chico rubio que, seguramente, le estaría esperando a ella.
Melissa apenas se sostenía en pie, pues había recorrido la ciudad entera par poder llegar hasta allí. Ella no había planeado que tuviera que seguir por el laberinto de pasillos que le esperaban…
Por suerte la ayuda estaba a punto de ser vista. Jhon la sujetó y la tendió en un escalón. Melissa lo miro, enojada por ver a su amigo en el castillo a pesar de que el mismo le había dicho que no volvería.
-Te estaba esperando.- le susurró al oido Jhon.
Melissa apartó los brazos de su amigo de un manotazo y se tapó la cara con las manos.
Acto seguido Jhon le sirvió una botella de güess, su bebida favorita, la cogió del brazo y le quitó las manos de la cara para poder mirarle a los ojos.
-Escuchame bien, Melissa. Tanto tú cómo yo queremos descubrir que pasa en esa habitación. Pero no podemos entrar así como así en un castillo que, además, es propiedad del ayuntamiento.
Por otro lado, ayer, buscando información sobre misterios del castillo encontré un libro muy interesante.- Jhon le enseñó a Melissa un libro con una portada impresionante que tenía dibujada una llave identica a la que ellos habían encontrado hacía dos días en el colegio. El libro era de papel bañado en oro y de suave terciopelo. En su interior sólo hablaba sobre el castillo, pero en la parte final se podía ver una imagen de la habitación de la que habían estado investigando. ‘Solo el tiempo de oscuridad abrirá la puerta’.-leyó Melissa.-¿Eso es todo?
-Pensé que esa era la llave de todo esto.-le dijo Jhon
-¡¡La llave!! Claro, Jhon: ¡¡¡Eres un genio!!!.-Melissa se lo llevó a todo correr hacia el castillo.
Cuando llegaron a la habitación extraña Melissa empezó a registrarla sin parada alguna, mientras que Jhon, sentado en una silla intentaba comprender que pasaba.
Melissa consiguió encontrar un bulto debajo de la alfombra real
y la destapó, dejando ver el…
-¡¡¿Suelo!!?-dijo extrañada.-Si estaba aquí, había un objeto debajo.
Su amigo se levantó y cogió el libro, que estaba encima de la silla.
-Recuerda que pone: el tiempo de la oscuridad abrirá la puerta.
-Ya lo se, pero, ¿¿a que se refiere??
-Hay que esperar a la noche, eso creo.-dijo Jhon pensando.-Es una posibilidad.
El reloj fue pasando poco a poco, interminablemente… Melissa jugueteaba con sus pelos mientras que Jhon miraba de un lado a otro, con esperanza…
Las 10, 11… El tiempo pasaba y no ocurría nada.
Hasta que… Doce en punto.
La oscuridad bañó la habitación, apagando la luz por cualquier abujero que hubiera.
Jhon intentó buscar a Melissa, pero no la lograba encontrar.
-¡¡¡Melissa!!! ¿Donde estas, Melissa?
-Jhon, estoy aquí, ¡¡en la alfombra!!! Esta vez no es invisible, lo noto, es… una puerta…
¿Tiene cerradura?
Mmmm… ¡Si, si tiene!
Jhon empezó a pensar que podían hacer para abrir la puerta.
¡¡Melissa!! ¡¡ La llave !!
¡¿Cómo quieres que la toque?! Ya sabes lo que ocurre… Nos pasó a los dos. Y encima solo surte efecto por la noche…

Jhon fue a ciegas por la habitación, hasta poder tocar a Melissa. Encontró la llave que tenía colgada ella en el cuello y, a pesar de que le dolía el cuerpo por la extraña maldición abrió la puerta, con mucho esfuerzo.

La luz volvió a llenar la habitación. La caída fue leve. Cuando aterrizo junto a Melissa en el cesped, fue cuando se atrevió a abrir los ojos.
Alguien les tendió una mano… y les dijo:
-¡Bienvenidos a Helmaz, forasteros!
La cara de Jhon se enrojeció al instante.